sábado, 9 de enero de 2016

Siete cosas que no volverás a hacer si eres madre de "casi" adolescentes

Blossom, aquella adolescente molona de los 80
Todo idilio llega a su fin. Incluso el maternal. Y por idilio maternal me refiero a esos momentos living the love en el que la maternidad es dura, pero tus hijos te dan un besito y todo se te pasa.

Cuando los hijos llegan a los doce años, antes si son algo más precoces, comienza una nueva etapa. La maternidad a partir de entonces seguirá siendo dura, y además ellos dejarán de darnos besos y decirnos que nos quieren. Aunque nos quieran y se mueran por darnos ese beso.

Poco a poco voy descubriendo cosillas nuevas en ese nuevo momento vivencial, y sobre la marcha voy aprendiendo, al igual que hice cuando mi hija era un bebé y mi máxima preocupación era que comiera, durmiera y que no se hiciera pis mientras le cambiaba el pañal.

En medio de esta verbena de mi vida, voy tomando nota de las cosas que voy a tener que dejar de hacer si quiero mantener cierto grado de estabilidad familiar y, sobre todo, mental. 

Y aquí las expongo como una forma más de expresión personal, no sé si a modo reivindicativo, paliativo o instructivo. 

1. Dejarás de entrar en su habitación para guardarle la ropa planchada. 

Y no será porque ella, o el, la va a recoger y guardar por ti, sino porque cada vez que lo hagas entrarás en pánico al ver que las COSAS están a punto de invadir y colonizar tu vivienda, como si de una de las siete plagas se tratara. El desorden va unido a la adolescencia y no te servirá de nada enfadarte, gritar, patalear o castigarle. Más te vale tragarte un tarro entero de paciencia. Y de postre una onza de comprensión hormonal. En el fondo es mucho mejor dejar de sufrir por el orden y dejarte llevar, ¿verdad?


2. Se acabó el comprarle ropa por tu cuenta y riesgo. 

Da igual que te creas super moderna y que lo que le adquieras lo lleve la bloguera del momento, o sea lo más original del mundo. Ella o él sólo verá que no ha participado en la elección. Puede que si hubiera ido contigo le hubiera encantado ese vaquero a jirones que has comprado en un arranque de modernismo. Pero ella o él NO estaba allí para decidirlo. Olvídalo y busca el ticket sin perder un minuto más. Si hasta vas a ahorrar y todo.

3. No volverás a ponerte a dieta

Algo que parece tan normal en tu vida porque llevas la mitad de ella haciéndolo (muy a tu pesar has heredado los genes de las barriguitas con las que jugabas de pequeña y la estupidez humana de querer llevar una 38), se convertirá en algo peligroso que no deberás mencionar ni practicar jamás en su presencia. No debiste hacerlo nunca, pues las dietas son más dañinas que el tabaco si cabe, pero ahora menos aún. Cualquier comentario en este sentido puede desestabilizar la cabeza mejor amueblada. Lo bien que te va a venir esto para el espíritu, confiésalo.


4. No subirás fotos suyas a Facebook sin su permiso. 

Ojo, esto no debiera tampoco haber pasado antes. Llegará un momento en el que los hijos se harán adultos y no les hará ni pizca de gracia todas esas fotos que se han subido a internet de forma indiscriminada. No me gusta poner fotos de mis hijas en las redes, y no lo hago, a excepción de Facebook, en mi perfil personal, donde sólo acepto a amigos. E incluso allí me corto bastante porque no me gusta exponerlas. Y en los últimos tiempos ya les pregunto si puedo poner la foto en Facebook y la respuesta casi siempre en NOOOO. Todo ello contribuirá a que el mundo mundial sepa menos de ti y que a los gigantes de las redes sociales les sea más difícil hacer caja.


5. No harás ningún plan sin consultarlo antes en plan comité familiar. 

C'est finit (espero que sólo temporalmente) el entusiasmo por todo lo que antes provocaba entusiasmo. La pereza, la rebeldía, el pie izquierdo o la hormona empezarán a desbaratarte todos los planes chachis de antaño. Ir de excursión, salir a tomar el aperitivo o visitar una exposición pueden convertirse en algo insufrible con una personita a tu lado que está de morros de un momento para el siguiente y sin saber muy bien el motivo. De nuevo conviene ponerse en su piel y no reaccionar de la misma manera que ellos. Ante los morros, una sonrisa y un abrazo (si te dejan).


6. Terminó aquello de quedo con amigos con hijos y ellos juegan mientras nosotros hablamos de nuestras cosas. 


Ahora ellos querrán formar parte de la conversación de los adultos, sobre todo si no hay niños de su edad alrededor. Hay que estar preparados para permitirles participar y evitar temas que puedan causarle desasosiego, agobio o pesadillas. Me doy cuenta de que la vida del adulto está llena de temas que provocan todo eso y más. Habrá que repensarse un poco, que nos ponemos demasiado serios.

7. Dejarás de pedirle a tu niña o niño, que ya ni es tan niña ni tan niño, que te recuerde las cosas. 

Esta edad, aparte de ser propensa al caos, es tendente a la pérdida de memoria a corto plazo. "Cariño, recuérdame esta tarde que vaya al chino a comprarte todo eso que necesitas". A la mañana siguiente, justo dos minutos antes de salir para clase, escuchas eso de "jope mamá, ya se te ha vuelto a olvidar comprarme la cartulina"... Y entonces, justo un minuto y 55 segundos antes de salir para el insti, y si hay suerte, te tragas tu grito de mala madre desmemoriada con hija aún más desmemoriada, mientras te visualizas a la hora de comer en el hiper asia y guardas las lentejas para el día siguiente. 

Menos mal que la legumbre aguanta bien en la nevera.




1 comentario:

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