lunes, 30 de diciembre de 2013

Encantada de haberle conocido 2013



No pensaba hacerlo. Porque últimamente ando desganada, con el cuerpo y la mente perezosos. Pensando sólo en comer y dormir, como los bebés. Leyendo poco más que el twitter. Con mis cinco o seis libros a medias. Con el blog tiritando y las ideas hibernando.

Así que puedes imaginar que mis neuronas están bajo mínimos y mis enzimas digestivas en máximos, intentando digerir la enorme cantidad de calorías, azúcares, hidratos y grasas que la Navidad (y mi madre) me ponen delante, echando por tierra mi titánico esfuerzo de hace un año, cuando el señor Dukan y mi fuerza de voluntad, que me visita cada cinco años más o menos, me ayudaron a perder diez kilazos.

No pensaba hacerlo y, sin embargo, aquí estoy. Intentando hacer uno de esos posts parecidos a los típicos reportajes de los periódicos de estos días: las noticias más impactantes del año, las rupturas más sonadas, las fotos más divertidas, los escándalos más sorprendentes (esta la van a quitar en breve pues ya nada nos sorprende). Lo hago sobre todo animada por mi amiga Bea, a la que se le ha ocurrido montar un carnaval con esto de los balances. Después de leerla, me ha contagiado un poco de su energía locamotora y me he sacudido la pereza para poner el broche final a este año desde el blog.

Escucho por todas partes que 2013 ha sido malo, que por favor se acabe ya, que claro, era el año de la mala suerte por eso del trece... Pues por una vez tengo que discrepar. 

Desde que empezó la crisis he pasado por tres años muy malos, de 2010 a 2012 incluidos, siendo el más duro el primero de ellos. Viendo como marío, que entonces era autónomo y que lo ha sido durante muchos años hasta hace 3 meses, no encontraba proyectos nuevos. Agobiada cada mes porque no sabía de dónde iba a sacar el dinero para pagar mi hipoteca (sí, de las del boom) que cada fin de mes el banco se afana en cobrar. A veces no sabía de dónde sacar para pagar la compra semanal. Y así un mes tras otro, teniendo que mal vender nuestro coche, entre otras muchos malabarismos, para llegar a fin de mes sin morir en el intento. Teniendo que mentir muchas veces por no poder permitirnos esas quedadas a comer con amigos, yendo sólo al café por ejemplo, y haciendo del picnic nuestra mejor diversión, incluso en pleno invierno. Las hemos pasado canutas pero con mucho esfuerzo y mucho trabajo hemos salido airosos del trance. El mérito es fundamentalmente de marío, que es quien se ha dejado los cuernos buscando trabajos aquí y allá. Y trabajando todos los días del año, sin vacaciones, domingos, festivos o noches de relax en el sofá.

Mientras tanto también he visto, sufrido y llorado como se derrumbaba la empresa de mi padre. Cómo el trabajo de tantos años se iba a pique de la noche a la mañana, porque los bancos dejaron de darle crédito y los trabajos, relacionados con la construcción, brillaban por su ausencia. También he visto cómo gente muy querida para mis padres (y para mí) les daba la espalda o, lo que es peor, les clavaba puñaladas traperas. Menos mal que creo en eso de que todos reciben lo que dan y que al final se hará justicia.

A pesar de todo, este 2013 podía haber sido muchísimo peor de lo que ha sido y mal que bien, han logrado (hemos logrado) sobrevivir a la gran hecatombe que se avecinaba. Esperemos que en 2014 salgan a flote de verdad.

Además este año he visto cómo mi hermano, tras muchos años en paro, conseguía por fin un trabajo que, encima, le gusta. Sí, sí, no es ciencia ficción. Ojalá lo conserve muchos años.

También he vivido un cambio de trabajo para mejor, en un ambiente internacional de verdad, y marío ha conseguido su primer contrato laboral (y por tanto ya no es autónomo). ¡No tenemos que pagar IVA! Olé.

He viajado por placer a Oporto y a Cantabria. He pasado un finde de novios en Grenoble. He estado en París (por trabajo, sí, pero mola igual). Este 2014 espero disfrutar de algún viaje más, no de trabajo, porque de esos me esperan unos cuantos, sino de los otros. Si puede ser sin aviones de por medio.

He escrito este blog, concretamente 192 entradas en 2013 (200 en total) y he llegado a tener 347 visitas en mi post más exitoso, Soy una niña negra rodeada de gente blanca, que no es para nada la panacea cuando muchas de las bloggeras más cool de la madresfera superan las 1000 visitas al día y cosas de esas. Pero para mí, que nunca aspiré a ser una blogstar, que me metí en el ranking famoso por conocer gente y me di cuenta de que no era lo mío (el ranking, no la gente), que me metí en Twitter por el mismo motivo y que últimamente me aburre horrores, para mí, que no escribo de temas estrella, que no soy la alegría de la huerta ni me paso las horas muertas en el mundo blogueril haciendo marketing de mí misma, es todo un orgullo. Gracias a todos los que algún día se han pasado por este blog y han leído alguna de mis elucubraciones. No importa que no digáis nada. Si lo habéis dicho, doblemente gracias.

He escrito este blog y gracias a él y a Twitter he conocido a gente estupenda, divertida, inteligente, con talento, buena gente, con la que he ido más allá de las redes sociales, incluso más allá del guasap, y nos hemos conocido en persona, hemos hablado en directo, nos hemos visto la cara, y los ojos, y los gestos, más allá de los emoticonos. Espero en 2014 hacer lo mismo con todas aquellas que todavía no he desvirtualizado. Con el tan injustamente criticado ohana y más allá de él, con alguna que otra persona que me cae genial en el mundo 2.0 y estoy convencida que también me caerá bien en el otro mundo, que no es el 1.0 pues el 1.0, chicas os lo tengo que decir, es aquella época de internet de los inicios en la que no había ningún tipo de interacción entre las páginas web y los humanos. No existían las redes sociales, ni los blogs, ni los comentarios. Internet era una enorme fuente de información sin retroactividad más allá de los emails y los formularios de contacto.

No he empezado mi libro, vale.

No he conseguido correr la San Silvestre, ok (único propósito del año pasado para 2013).

No he dejado de gritar a mis hijas, de acuerdo (aunque ahora me doy más cuenta de ello).

No he celebrado una fiesta multitudinaria por mi 40 cumpleaños (tampoco quería).

No he dejado de agobiarme por el desorden (ni consigo tener todo en orden).

No soy más paciente (y mira que lo intento).

No me tomo la vida menos en serio (no puedo).

No me gusta madrugar los findes (ni lo intento).

No voy a hacer propósitos para 2014 (así no me decepcionaré).

O sease, sigo siendo yo. Que no es poco :)

¡Feliz 2014!






miércoles, 25 de diciembre de 2013

Navidades olvidables

Aquel año la Navidad iba a ser muy diferente. El Gobierno había decidido modificar un poco la tradición, siempre con la loable intención de velar por la salud de la economía. De esta manera, decían, se evitaba el despilfarro de días no productivos que abundaban al comienzo del invierno y de paso, se promovía el consumo en otra época del año distinta. La balanza se equilibraba.

Así, Nochebuena pasaba a ser el 24 de julio, decisión animada por la genial idea de hacer coincidir la Navidad con el Día de Santiago. No sólo se unían dos festivos en uno, sino que se conseguía que la fiesta del patrón de España fuera nacional, algo que no sucedía desde hacía muchos años.



La gente ni protestó. Al principio lo intentaron en Twitter. #Dejadlanavidadcomoestá fue trending topic unos días. Sin embargo, a la semana, cada uno volvió a sus cosas y se olvidó del asunto.

La Nochevieja no se atrevieron a tocarla, aunque hubo algún político que quiso intentarlo, modificando incluso el orden de los meses. Así evitarían que las presentadoras de las uvas se congelaran de frío con esos vestidos de noche. No le dejaron por considerar que su propuesta nos alejaba de Europa.

Hubo que tirar a la basura todas esas imágenes típicas navideñas, con su nieve y sus trineos y su Papá Noel embutido en barbas, e idear un nuevo concepto de la Navidad que tuviera sentido en pleno verano. Se convocó un concurso público y se presentaron 1.093 candidaturas. Como el Ministerio de Economía, que fue el encargado del proyecto, no disponía de personal suficiente para valorar cada una de las propuestas, llamaron a sus compañeros del Ministerio de Cultura, por entender que tendrían conocimientos adecuados para enjuiciar el valor artístico de cada candidato.

Durante dos meses estuvieron escuchando, tomando notas, preguntando, valorando y jugando con el móvil algunos, haciendo como que atendían asuntos de gran importancia. Tanto tardaron que, aunque escogieron finalmente el nuevo logo y el nuevo aspecto de Papá Noel, no les dio tiempo a imprimirlo en los Christmas, ni siquiera los chinos pudieron fabricar los disfraces ni los motivos veraniegos para el árbol. 

Decidieron dejar tal y como estaban a los personajes de los nacimientos y belenes, pues total, iban vestidos con ropas ligeras, propias del clima de la zona y de la pobreza de sus habitantes. También fue porque no consiguieron convencer al Papa para vestir a María de minifalda. No lograron siquiera reunirse con él, pues el Pontífice andaba muy ocupado en diferentes asuntos que le impedían, sintiéndolo sobremanera, recibir al presidente español.

Papá Noel hizo la operación bikini, se quitó la chaqueta y se quedó en camiseta de tirantes, previa depilación para no asustar a los niños. Se afeitó la barba y se dejó perilla, se puso un sombrero de paja en lugar de su particular gorro y cambió el pantalón por bermudas y las botas con chanclas. En lugar de trineo, venía en moto de agua. En fin, que no era ni la sombra de lo que fue. Los niños se hicieron un lío, sobre todo los que le habían conocido de su anterior época y le perdieron todo el respeto. Además, ¿cómo iba a traerles los regalos en una moto de agua? Todo el mundo sabía que el trineo de Santa podía volar pero a ver quién iba a creerse que también podía una moto de agua, ja.

Y llegó el mes de junio. La Nueva Navidad estaba a la vuelta de la esquina.

Pero... los recortes en el consumo de luz provocados por el tarifazo eléctrico impidieron que los comercios pudieran animar las compras. 

Muchos se olvidaron de la fecha y de preparar su despensa para la ocasión. 

Las empresas, las pocas que aún lo hacían, aprovecharon la coyuntura para suprimir las cestas entre sus empleados. 

Los niños, como no tenían cole, no pudieron preparar su festival de Navidad ni cantar villancicos para deleite de sus padres. 

A los centros comerciales no les dio tiempo de actualizar sus catálogos ni a las empresas jugueteras a preparar sus anuncios. Así que los niños no sabían qué regalos pedir. Muchos ni se enteraron de que era Navidad porque estaban de vacaciones en el extranjero.

La gente dejó de quejarse por la Navidad y dejó de estar triste y nostálgica. 

La gente olvidó desear lo mejor a la familia y amigos y reunirse en torno a la mesa por Nochebuena. Olvidó hacer fotomontajes con los niños, enviar chistes por whatsapp, criticar al rey por su discurso, y pedir el aguinaldo.

Fueron las Navidades más sosas, aburridas y ruinosas de todos los tiempos. Sin luces, sin regalos, sin cenas y sin buenos deseos. 

Unas Navidades "olvidables".




sábado, 21 de diciembre de 2013

Sábado de sensaciones: París también/Momento musical: Navidad

Esta semana he tenido que viajar a París por trabajo. He visto la puntita de la Torre Eiffel desde un taxi porque la mayoría del tiempo lo he pasado en mi oficina sentada around the table.

Tuve la oportunidad, sin embargo, de tirar unas pocas fotos curiosas, que una vez en mi cámara pensé:"no están mal para un sábado de sensaciones". Así que me atrevo a mostrarlas aquí, a pesar de que la gran maga de este carnaval, Bea mamá de dos, nos ha regalado muchas instantáneas de la ciudad que dejan sin aliento y que deberían retractarme de mostrar las mías por ese sentido del ridículo que me gasto. Pero, como la misma Bea dice, se trata de un carnaval de sensaciones y no de arte así que me voy a guardar mi séptimo sentido bajo el abrigo.

Editado: tras publicar este post, he visto que mis compis de carnaval unían en una sola entrada la participación en los dos carnavales que coinciden hoy. El Sábado de Sensaciones de Bea Mamá de dos, y el Momento musical de Isabel y la Isla de la Música. Ambos están "amadrinados" por La Morada de Nieves.

Así que voy a hacer lo mismo y, antes de las fotos, os dejo con un tema navideño que me encanta, All I want for Christmas is you, de Mariah Carey, interpretada por tres pedazo de artistas amantes de la música y de gran talento que, si por mí fuera, deberían ser todos ellos reconocidos. Hace unos años decidieron unir su afición en Navidades para deleitar a todos sus amigos con una felicitaciñon navideña sonora. Me encanta recibirla y disfrutar del espíritu navideño a través de sus voces. Dan muy buen rollo.

Y como la canción que os pongo es la del año pasado, os dejo a continuación la de este año que tampoco os dejará indiferentes.

Felicitación 2012

   

Felicitación 2013

 


Voilà...

Urbana

La Defense, esa zona llena de edificios de cristales donde miles de ejecutivos manejan los destinos de la economía francesa.


Urbana

La otra cara de París, no tan bonita como la que sale en las postales y revistas de los aviones. Toda ciudad tiene su lado o sus lados oscuros. Uno de los más oscuros de París en su sistema de trenes de cercanías RAR. No sólo por la fealdad de su paisaje, sino por la mala calidad del servicio que a punto estuvo de hacerme perder mi vuelo.


Momentos

La entrada a la sede central de mi empresa, plagada de árboles de Navidad, luces y color. La foto enseña sólo una pequeña parte de lo que había.




Feliz sábado de sensaciones y Feliz Navidad





jueves, 19 de diciembre de 2013

AZ de la maternidad. Con R de Resiliencia


Hace unos días mi hija pequeña me dijo una frase que me dejó clavada. Llegaba yo del trabajo y, como cada día, fui a darle un beso. Pero ella no quería. Y le pregunté por qué. Me soltó esto: "es que ni 'quisiera' eres mi madre". Toma ya. La frase que más he temido desde que me convertí en su madre, por la vía de la adopción, acababa de darme un bofetón en toda la nariz (que duele más que en la boca).

Una espera esa frase desde antes de ser madre. Mientras recorre el camino del hilo rojo que un día te conté en este mismo diccionario maternal. Lo que una no se espera es que te la suelte tu hija (esclafe diría mi madre)  a los cinco años un día cualquiera y encima en público (estábamos en la consulta del dentista). 

Me quedé bloqueada, no sabía qué decirle, así que ahí no le dije nada, me limité a darle el beso sin más. Y después por la noche hablé con ella. Le comenté que no me había gustado que me dijera eso, que me había hecho daño y que yo sí era su madre, que nunca iba a dejar de serlo. También le pregunté por qué lo había hecho. Y ella no fue capaz de darme una respuesta, normal, tiene cinco años. Es ahora cuando está empezando a darse realmente cuenta de su condición de niña adoptada, de su vida anterior, de su otra familia, de su otro país. Acabamos dándonos un abrazo gigante y muchos más besos y creo que ella por un lado se quedó aliviada de mi reacción y por otro, confusa igualmente por seguir sin entender qué le pasa en realidad, quién es y por qué su vida es la que es y no otra.

Y fue entonces cuando volvió de nuevo a mi mente el concepto de resiliencia del que tanto leí en su día cuando comenzaba la aventura de la adopción. Esta palabra vino a mí justo en aquella época. Por eso la asocio de forma directa a maternidad y la adopción, aunque se trata de algo más amplio y que puede aplicarse a cualquier persona.

La resiliencia se puede definir como la capacidad de sobreponerse a las adversidades. La fortaleza de ánimo para superar los malos momentos o golpes de la vida y que, por tanto, va unida indisolublemente a la capacidad para que tiene el ser humano para ser feliz a pesar de todo. Y, además, tiene que ver también con la habilidad de transformar lo malo en algo positivo y ser capaz de aprender y crecer a través de ello.

Cada persona tiene un nivel equis de resiliencia. Y se supone que cuanto mayor es tu nivel, mayor es tu salud emocional y más probabilidades tienes de alcanzar eso que todo bicho viviente anda buscando: la felicidad.

Por eso tiene tanta importancia en el mundo de la adopción. Nuestros hijos, ya lo he contado por aquí, llegan a nosotros con eso que llaman "la mochila". Con un pasado doloroso siempre. Con una herida primaria que es muy difícil de asimilar y superar, sobre todo cuando eres un niño y estás descubriendo el mundo.

¿Por qué me abandonaron? ¿No me querían? ¿Tan malo soy? 

Estas preguntas se las hacen los niños adoptados constantemente, casi siempre en silencio. Depende de nosotros, sus padres, sus hermanos, su familia extensa e incluso su círculo social, que esa resiliencia se fortalezca y crezca y que el día de mañana sean capaces de vivir con esas preguntas y sus respuestas (si las consiguen) o no. 

Tremenda responsabilidad.  

¿Estaré a la altura? ¿Lograré estar a su lado en su tristeza? ¿Seré capaz de ayudarle?

Estas son las preguntas que nos hacemos los padres. Jodidas también.

Y ¿qué pasa si nuestra resiliencia de adultos es débil, floja, escasa? ¿Cómo ayudamos a nuestros hijos a superar sus problemas si nosotros no somos capaces de superar los nuestros? Esto me da para otro post. No hablo de mí concretamente, porque ni yo misma me creo lo fuerte que soy y la enorme capacidad que tengo para sobreponerme a todo lo chungo que haya podido vivir. Me asusto de pensarlo. Aunque me cuesta esa última parte de ver lo positivo en lo negativo, lo reconozco. Más que verlo, me cuesta creerlo y asimilarlo. Soy capaz de ver la parte positiva, pero la negativa no dejo tampoco de verla. Sigue ahí a pesar de todo.

Leí en un blog muy querido para mí y que tristemente ya no se actualiza, La adopción por dentro, de la periodista y madre adoptiva Brenda Padilla, un decálogo de posibles acciones que podemos hacer para fomentar la resiliencia en nuestros hijos, de los doctores Brooks and Goldstein:




1. Mostrar empatía


2. Comunicar con respeto


3. Ser flexible


4. Prestarles atención 100% al niño (al menos quince minutos al día)


5. Aceptar a tus hijos tal como son


6. Darles la oportunidad de colaborar


7. Tratar los fallos como oportunidades para aprender


8. Destacar fortalezas  y habilidades


9. Dejar que tus hijos solucionan problemas y tomen decisiones


10. Disciplinar para enseñar, no para humillar o intimidar.

Al leerlo siento que tan mal no lo estoy haciendo pues cumplo en mayor o menor medida casi todos los puntos. El dos me lo salto más de lo que quisiera (perdóname hija) por mi impaciencia, el cansancio y todas esas excusas que ponemos cuando gritamos (mi falta de respeto se traduce en gritos, nunca en insultos y descalificaciones). También reconozco que, aunque la acepto y quiero como es y no la cambiaría por nada (no lo dudes nunca pequeña) a veces me cuesta lidiar con su carácter inquieto y alocado (aunque cada vez lo llevo mejor). Y me encanta reforzar sus puntos fuertes, tal vez incluso lo exagero todo un poco, aunque no creo que le venga mal. Y por supuesto, creo que el uso de la disciplina bien entendida, para enseñar y para que nuestra vida no sea un caos absoluto. De momento estamos trabajando en ello porque me temo que esta niña mía salió rebelde. Alegre, risueña, sensible y libre como un pájaro. 

Lo que más deseo es que siga siendo así dentro de veinte años a pesar de que tenga que trabajar mucho para gestionar su dolor. Y yo con ella. Siempre.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Nelson Mandela vive

Ayer abrí Twitter cuando llegué de mi viaje de trabajo y me encontré varias noticias sobre Mandela en las que no decían que había muerto. Pensé que hablaban de él por cualquier otro motivo, su cumpleaños (aunque me sonaba que había sido hace poco), un premio, un homenaje...pero sabiendo que estaba delicado de salud me fui corriendo a leer el periódico por si las moscas.



Y ahí estaba ese titular avisando de su muerte. Nelson Mandela ha muerto. Mazazo.

Sí, tenía 95 años. Y una salud tambaleante ya. De acuerdo. Lo que tenía también era el derecho a ser inmortal, el derecho a no morir nunca, a permanecer para siempre en el mundo. Algunas personas deberían, como los indultados, ser librados del yugo de la muerte y la ancianidad. 

No me refiero a nuestros seres queridos, porque por mucho que les queramos, y por mucho que nos aporten a nosotros, no podríamos permitirnos el lujo de dejar en el mundo forever pues el mundo es finito y acabaría colapsando. Hablo de aquellas personas tan especiales que una sola de sus aportaciones al mundo superan con creces cualquiera de las aportaciones de un país entero.

Hablo de Nelson Mandela y otros como Gandhi, Leonardo Da Vinci, Marie Curie, la poetisa Mislawa Szymborska... Cada uno haría su propia lista.

Sí, es cierto que en cierto modo ya es inmortal. Que en realidad no ha muerto porque su legado se quedará hasta la eternidad en el mundo. Que lo que hizo por su país, por la población negra, por los derechos civiles y por la humanidad en general NUNCA podrá borrarse de la historia, por mucho que quieran otros muchos hacerlo. Por mucho que en Sudáfrica las cosas estén tensas y exista un miedo generalizado en muchos ciudadanos a la pérdida de todo lo conseguido por Madiba (el abuelo, apodo cariñoso con el que se conocía a Mandela). O en Europa se radicalicen y ganen adeptos los movimientos políticos de ultraderecha como el holandés Partido de la Libertad, antimusulmán,  y el francés Frente Nacional con Marie Le-Pen al frente, los cuales pretenden crear un nuevo grupo junto a otros partidos afines contra la integración europea y contra la inmigración tras las elecciones al Parlamento Europeo de 2014. 




Sugerir que Sudáfrica podría arder en llamas -como algunos pronostican- es desacreditar a los sudafricanos y el legado de Madiba”, dijo tras la noticia el exarzobispo de Ciudad del Cabo, Desmond Tutú, una de las personas que le apoyó en su lucha contra el Apartheid. “El sol saldrá mañana y el día siguiente y el próximo (...) puede que no parezca tan brillante como ayer, pero la vida continuará”.
A pesar de todo, una no puede evitar sentirse triste por la pérdida de el ser humano que más admira del mundo mundial y de la historia de la humanidad. No soy de ídolos. No tengo favoritos en nada por lo general. Excepto con este hombre. Por su capacidad de perdonar, su carisma, su personalidad arrolladora, su fuerza, su capacidad conciliadora, su determinación a la hora de conseguir lo imposible. Y por supuesto por sus grandes logros.
Alguien a quien conocía de pasada, de refilón hace unos años, hasta que llegó a mis manos el libro de John Carlin, El factor humano, que dio pie a la película Invictus y que si no has leído/visto te recomiendo fervientemente.
Alguien que dijo cosas como éstas que traigo más abajo. Gracias Madiba por TODO. Ojalá que no te hubieras ido. Ojalá no te vayas nunca del todo. Que tu luz nos ayude a encontrar el camino cada vez que nos flaquean las fuerzas y cada vez decidimos odiar a alguien en lugar de intentar comprender y perdonar. Que tus ideas se expandan por el mundo en lugar de quedarse en los libros de historia. Que el racismo se quede, éste sí, en los archivos y las bibliotecas como un mezquino defecto del ser humano y de la ignorancia supina.
FRASES DE MANDELA
> "Si el desarrollo del pueblo africano en su propio país no hubiera sido interrumpido por la llegada de los blancos, se habría producido un desarrollo igual al de Europa y al mismo nivel, sin ningún contacto con nadie".
“Una nación no debe juzgarse por como trata a sus ciudadanos más distinguidos, sino por como trata a sus más humildes” (El largo camino a la libertad, autobiografía)
> "No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en la que trata a sus niños".

> "Necesitamos situar la erradicación de la pobreza en el primer lugar de las prioridades mundiales. Hemos de tener claro que todos compartimos una humanidad común y que nuestra diversidad en todo el mundo es la mayor fortaleza de nuestro futuro conjunto".

> "La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo".

> “Conforme nos liberamos de nuestros propios miedos, nuestra presencia libera automáticamente a los demás”. (El largo camino a la libertad, autobiografía)
> “Sólo a través del trabajo duro, el sacrificio y una acción militante puede conquistarse la libertad. La lucha es mi vida. Continuaré luchando por la libertad hasta el fin de mis días”. (Desde la prisión en 1961).
“Es correcto preguntar con claridad: ¿por qué esta rígida discriminación racial en la administración de justicia? ¿Por qué hoy, en este tribunal, hablo con un juez blanco, me enfrento con un fiscal blanco, y me lleva al banquillo un alguacil blanco? ¿Puede alguien, con honradez y seriedad, sugerir que en este tipo de atmósfera la balanza de la justicia está equilibrada?” (Primeras declaraciones ante el juez, 22 de octubre de 1962).
“Celebro el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas viven juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que pienso vivir y espero alcanzar. Pero, si fuera necesario, es un ideal por el que estoy listo para morir”  (Declaración ante el Supremo, 20 de abril de 1964).
“El tiempo de curar las heridas ha llegado. El momento de salvar los abismos que nos dividen ha llegado. Es la hora de construir”. (Discurso en su toma de posesión, 1994).
> "El perdón libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa".
> "No acostumbro a usar las palabras a la ligera. Si 27 años en prisión nos han enseñado algo, ha sido llegar a entender, desde el silencio de la soledad, hasta qué punto las palabras son preciosas y hasta qué punto el lenguaje verdadero tiene su impacto en la forma en que la gente vive y muere".

Fuentes:







miércoles, 4 de diciembre de 2013

AZ de la maternidad: Q de qué

Si tuviera que elegir la palabra que más digo desde que soy madre esta sería QUÉ sin lugar a dudas. Es la primera cosa que me sale cuando oigo otra palabra que es a su vez la más escuchada desde que tuve a bien cumplir con mi parte en la estadística de natalicios: MAMÁ. O mejor dicho ¡MAMAAAAAÁ!

Es una de esas palabras que, según el tono con que la dices, es decir, dependiendo del momento del día más el estado de ánimo y cansancio en el que te encuentres, puede sonar de muy diferentes maneras:

1/ El "qué" de incógnito, dicho así en bajito, como con miedo a que te oigan y te suelten cosas como: "¿me ayudas a limpiarme el culo?", "tenemos que disfrazarnos de calabaza para el viernes", "me dijiste que hoy sin falta me llevabas a la feria".

2/ El "queeeeeeeeeé" desesperado, un qué largo, sonoro, como de estar hasta el último pelo tras haber pronunciado unos 20 en los anteriores cinco minutos. Estos ocurren muy a menudo a partir de las 22:00 horas. Cuando tus hijas están tan ricas en sus camitas, leídas, besadas y rezadas y tú te dispones a enchufarte una serie con Marido, acurrucada en la mantita, con tu onza de chocolate o tu descafeinado esperándote. Tras haberte levantado a llevar agua primero a una y luego a otra, después de haber tenido que encender y apagar luces del pasillo, y una vez has tenido que buscar sus peluches bajo los misteriosos bajos fondos de sus cuartos... Llega el enésimo MAMÁ y tú tienes que morderte la lengua y el cansancio acumulado para no sonar cual poseída niña del exorcista.

3/ El "qué, qué, qué" asustado. Dícese de aquel pronunciado tras escuchar gritos, fuertes ruidos o golpes provenientes del lugar donde supuestamente tus hijas juegan seguras. De repente escuchas un "mamaaaaaá" entre sollozos y corres cual Bolt, jugándote la vida en el pasillo tomado por un ejército de Pin y Pon, Barbies, little pet shops y demás seres del ultramundo. Al llegar, la mayoría de veces te encuentras con que la cosa no ha sido para tanto, aunque tus hijas te quieran hacer creer que el tema requiere de hospital, estancia en casa durante unos días y el iPad como tratamiento antiinflamatorio.

4/ El qué con nocturnidad. El que se pronuncia entre sueños varias veces hasta que te despiertas y se te jode la noche. Últimamente en casa son provocados por las siguientes situaciones: "quiero ir a hacer pis", "se me ha caído el muñeco", "hay un mosquito en mi cuarto". No seré yo quien quite importancia a estas razones. Aunque tampoco creo que sea de malos padres pretender que la niña se levante solica al menos para solucionar las dos primeras. Llamadme loca.

5/ El qué consciente. El que decimos en medio de un momento propicio para una conversación: a la ida o a la vuelta del cole, en las cenas, en el desayuno del fin de semana. Aquel que sirve para dar pie a los diálogos más variopintos y a las preguntas más complicadas que me han hecho nunca. Sé que me la juego cuando lo digo. Soy consciente de que puede ser mi entrada a un jardín que es más un intricado laberinto que un paisaje japonés de aparente sencillez. 

"Mamá"
”Qué”
¿Es verdad que los hijos se hacen como me ha dicho me amiga N.?

"Mamá"
”Qué"
¿Qué pasa cuando alguien se muere?

Mamá
Qué
¿Por que no bajan a todo los precios y se acaba la crisis?

Mamá
Qué
¿Los Reyes Magos existen?

A pesar de todo me gustaría seguir diciéndoles ese QUÉ durante toda mi vida. 

Eso significará que las tengo cerca, que me necesitan y que confían en mí.

Hijas, siempre tendré un QUÉ para vosotras. No lo olvidéis nunca. Os quiero mucho muchísimo.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Las madres de mis series de TV favoritas

Reconozco que he navegado por Internet en busca de inspiración para escribir en este mi otrora actualizado blog. Cuando ya estaba a punto de ahogarme me he encontrado con esta isla de artículo que hace un retrato de madres de las TV de lo más variopinto. Morticia Adams, Marge Simpsom, Roseanne y otras cuantas son descritas en el artículo por sus virtudes y su capacidad de proyectar modelos de familia adecuados para la infancia, en un intento de defender a esa caja demoníaca de quienes la critican de forma compulsiva y, de paso, limpiar nuestra conciencia de malos/as padres/madres cuando les enchufamos a nuestros churumbeles al aparato para poder hacer la cena o simplemente depilarnos las piernas.

Y entonces en mi cerebro algo ha hecho clic y se me ha ocurrido "inspirarme" en la idea llevándola a un terreno que me apetece explorar. Las madres de mis series favoritas. ¿Alguna de ellas pasará la prueba como modelo a seguir? Mira que lo dudo, últimamente me gustan series un poco tétricas.

Veamos... 


1. Carmela Soprano. Los Soprano. Esposa del jefe de la mafia Tony Soprano. Una mujer que se debate entre el amor a su esposo y a sus dos hijos y el amor por el vil metal, que la lleva a aceptar mediante la técnica del avestruz el "especial" trabajo de su marido y sus continuas infidelidades. Tiene momentos en los que se muestra sumisa y fiel amante esposa de su hombre y otros en los que transmuta a un "estoyhastaelúltimopelo" de todos y cada uno y desearía fugarse a una isla desierta.


Como madre me da mucha pena porque se la ve sufrir lo indecible con la terrible adolescencia de sus hijos a lo largo de los años. Primero la niña, que telita al principio. Luego se serena la nena y entonces empieza el chaval, que interpreta las peores pesadillas de todo padre y madre en relación a la edad del pavo. Contestón, gamberro, faltón, que disfruta humillando y ninguneando a sus padres, en especial a su madre. Siempre queriendo llamar la atención por lo negativo, asqueado de la vida, mustio y tristón, violento...una joyita...

Una frase para recordar de Carmela "Que clase de animal fuma marihuana en su propia confirmación??!!".

Pues eso, una madre sufrida que se da de bruces con la realidad que ha estado "queriendo no saber" desde el principio. Pero los hijos crecen, se hacen adultos y hacen preguntas...



2.  Kima Greggs. The Wire (ojo: spoiler)

 
La agente Greggs es una mujer dura, fuerte, aparentemente fría y que se ha abierto camino a codazos en un mundo predominantemente masculino. A muchos les sorprenderá que destaque a esta mujer por encima de otras madres que aparecen en la serie, como la madre del criminal D'Angelo Barksdale o la mujer de éste. Si lo hago es porque, a pesar de que al principio se muestra contraria a tener hijos porque siente que el instinto maternal no va con ella, finalmente se da cuenta de que no era así y decide recuperar el tiempo perdido con el hijo que tiene con su ex-pareja, Cheryl.

Es la única madre, junto a la agente Beatrice "Beadie" Russell, divorciada con dos pequeños, que parecen no ser malamadres. Las demás son cruéles, ariscas, drogadictas, pasotas o todo a la vez.

Frase para recordar de Kima: "Si oigo la música, voy a bailar" Se refiere aquí a que a ella le va la marcha y que su paso por el trabajo de oficina la mata un poco, por eso, entre otras cosas le cuesta asumir la maternidad. El eterno dilema éxito profesional personal remezclado con dosis de culpabilidad y necesidad de autoafirmación.



3. Skyler White (ojo: spoiler)



Madre coraje dispuesta a todo por sus pequeños. Hasta a dejar de ser ella si hace falta para ser otra persona completamente distinta,

Una mujer también fuerte y dura como las otras dos, resignada a vivir en medio del infierno para que su hijo mayor no descubra el pastel en el que anda metido su padre. Es un alma herida, desengañada y triste, incapaz de conectar con su hijo adolescente al que tanto quiere proteger y por eso más amargada si cabe. Sólo le queda la pequeña bebé, alma inocente en medio del caos, único ser capaz de mostrar ramalazos de ternura en el padre reconvertido en camello y la madre transformada en cadaver viviente.

Su frase emblemática: "alguien tiene que proteger a esta familia del hombre que protege a esta familia". Más claro agua.

4.Danaerys Targayrean. Juego de tronos (ojo:spolier)



Vale, ya sé que esta no es madre en el sentido estricto de la palabra y que pensarás que no tiene derecho a estar aquí pero...de entre todas las madres de esta serie no puedo elegir a otra, lo siento. Entre la malvada Cersei Lannister o la pavisosa Catelyn Starck, me quedo con la Mother of Dragons. Y eso que la primera llama especialmente mi atención por como es capaz de criar a un esperpento como Joffrey y no sentirse desgraciada por ello más que porque su engendro le gana en depravación.

Me gusta porque empezó de la nada, siendo una aparente mosquita muerta, y ha ido ganando peso conforme pasaban los capítulos, sobre todo desde aquel espectacular nacimiento de sus dragones.

Como toda madre que se precie, por sus hijos mata y además, esta lo hace literalmente. La maternidad le otorga superpoderes como a la que más y poco a poco va conquistando el mundo a golpe de ala y aliento de fuego. Me mola ver como va ganando madurez con el tiempo y se vuelve dura de pelar, como las otras madres que ilustran este post.

Transcripción del discurso en Valyrio del capítulo 3x04 : ¡Inmaculados! matad a los amos, matad a los soldados, matad a todo hombre que sostenga un látigo, pero no hagáis daño a los niños. ¡Cortad las cadenas de cada esclavo que veáis! ¡Fuego de dragón!"


Pues eso, que aunque vaya de guerrera contra el mundo, en realidad tiene su corazoncito. De madre amantísima.

5. Gloria Pritchett. Modern Family. 






Para terminar no quería irme sin incluir un poco de desmadratización en este post, que me ha quedado algo siniestro con tanta madre rodeada del mal.

Sin duda soy fan absoluta de esta madre desastrosa de la televisión. Quién no empatiza con sus meteduras de pata, su exagerado sentido de la maternidad sobreprotectora, diametralmente opuesto a su aspecto físico (con esos tacones NO se puede llevar un bebé en brazos sin que se te quiebre la espalda) y su imperfecta perfección de mujer rica, guapa y con un montón de tiempo libre.

Me gusta ver que tiene muchos más defectos que virtudes, que a veces se siente insegura y que nunca tiene muy claro lo que tiene que hacer para hacer feliz a sus hijos. Eso la hace más humana (y más parecida a mí) y a las mujeres nos da motivos para no odiarla de pura envidia cochina. Algo tenían que hacer los guionistas para que las féminas nos engancháramos a la serie sin que haya ningún tío bueno. Así que pusieron a una madre odiosa (la histrónica de la otra), a una pareja molona de gays que todas quisiéramos tener como amigos y a una tía de cuerpo 10 y cabeza 4,5. Lo aderezaron con un buen guión de comedia, le añadieron unos niños un tanto repelentes y voilà. Risas aseguradas.

Para muestra una de sus mejores frases: "Nadie sabe esto, pero durante su primer año de vida vestía a Manny como una niña y le decía a todo el mundo que era mi hija. Cuando encontró las fotos le dije que era su hermana gemela que murió..." #malamadre.

Me quedan más series favoritas y más madres de las que hablar por aquí así que lo mismo me da el punto y me hago la segunda parte.

¿Y a ti? ¿Qué madre de la televisión te gusta más?





sábado, 23 de noviembre de 2013

Sábado de sensaciones: Otoño

           

Vuelvo después de una larga ausencia a este carnaval que tanto me gusta y que no siempre me siento a la altura de formar parte de él. Mis fotos no son arte, cierto, sin embargo expresan sensaciones y emociones que tengo en ciertos momentos de mi vida y sólo por eso me apetece compartirlas con el mundo.

Esta vez el otoño y sus maravillosos colores contemplados sólo hace unas horas en El Castañar de El Tiemblo, Ávila, muy cerca de la frontera con Madrid.

Es un lugar alucinante, con una ruta sencilla de una hora de duración apta para novatos del senderismo. Importante es ir MUY abrigado. No como nosotros, que hemos pasado un frío impresionante por creer ilusamente que como hacía sol...

Por si vas, comentarte que hay que pagar a la entrada para pasar el coche seis euros, y dos por persona adulta. También hay un autobús que se coge en la misma entrada donde te cobran y que cuesta dos euros por adulto. Te ahorras el parking pero nosotros al ir con perro hemos preferido pasar con el coche.

Hay zonas donde comer de picnic. Hemos estado solitos completamente porque el frío quitaba hasta el hambre. Aún así hemos pasado una mañana muy buena, y las niñas han disfrutado mucho buscando castañas.

Naturaleza



Instantes


Naturaleza





viernes, 22 de noviembre de 2013

Momento musical de cine: Trainspotting

¿Qué? ¿A qué pensabas que iba a eligir alguna banda sonora melosa y romanticona tipo Memorias de África o Amelie?

Pues no. Hoy me apetece bailar que para eso es viernes y como mi amiga Bea ha decidido ponerse marchosa con Tarantino, que me encanta, yo no voy a ser menos. Voy a sacar también mi lado oscuro.

También tenía pensado traer a Chicago, genial película de banda sonora maravillosa que he escuchado hasta la saciedad y he soñado bailar miles de veces...pero no...voy a ir más allá. Me he acordado de esta también estupenda película, Trainspotting, genial para ponerla a tus hijos adolescentes para que vean la cruda realidad del mundo de la droga y rechacen meterse en él, con un gran Ewan McGregor que siempre que me ha hecho tilín y al que también disfruté en otro de mis musicales predilectos, Moulin Rouge.

Sin más dilación, aquí va el tema de Iggy Pop, Lust for Life (Pasión por vivir) que es algo que creo que cada vez necesitamos mås, tal y como he reflejado en mi post del domingo.

¡Baila, salta, desmelénate!



jueves, 21 de noviembre de 2013

AZ de la maternidad: P de Protección

Mientras escribo esto se está acabando el Día de los Derechos del Niño. Curiosamente se celebra sólo cinco días antes del Día contra la violencia de género. Casualmente hoy he desayunado leyendo esta noticia que dice que los adolescentes replican los patrones machistas que pueden conducir a situaciones de violencia. Y para poner la guinda al pastel, ayer se celebró el Día Mundial contra el Abuso Infantil.

Todo ello me ha llevado a elegir esta palabra para la entrega 18ª del Diccionario de la Maternidad creado por Vero (Trimadre a los 30), la filósofa de la maternidad y de la vida, ejemplo para muchas por su fuerza, valentía, paciencia, templanza y buen humor.

Protección porque su garantía, junto a la del desarrollo, es la razón de ser de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), "primer instrumento internacional que reconoce a los niños y niñas como agentes sociales y como titulares activos de sus propios derechos", según Unicef.



Para asegurar una infancia protegida lo más importante es que los niños y niñas cuenten con una familia que les cuide. Una familia que les quiera y vele por sus otros derechos: alimentación, salud, educación, identidad, juego, igualdad y protección ante abusos, trabajo perjudicial, discapacidad, privación de libertad y guerras o desastres. Por supuesto, todo ello no sería posible sin una sociedad pendiente del cumplimiento de tales derechos, que facilite el acceso a la salud y a la educación, y además, que fomente los valores de igualdad, respeto y participación de los más pequeños. Que persiga y castigue  a quienes intentan abusar de ellos o maltratarlos. 
Que permita a los niños ser de verdad niños.
Tristemente esto cada vez se da menos en nuestra sociedad de ricos y famosos. En la parte del mundo llamado primero. Primero no porque seamos mejores que nadie ni la gente sea más inteligente, culta o elegante. Primero porque se trata de un mundo donde hay dinero y la sociedad está basada en el consumismo y el crecimiento. Un mundo que sólo se hace visible en ese puesto porque su producto interior bruto supera un número determinado de cifras.
Pues sí. En este poco merecido primer mundo cada vez los niños tienen menos derechos. Porque cada vez a sus padres y madres nos quitan más derechos. Esos que tantos años costó conseguir.
Los recortes afectan mucho más allá que a la Educación y Sanidad. El paro y la crisis llega de forma directa a los niños en forma de hambre. Aunque no lo creamos, cada vez son más niños los que sólo comen una vez al día en el comedor del cole. ¿Has visto el anuncio de esa madre que le dice a la hija que el bocadillo es mágico porque es de pan con pan e imaginan lo que hay dentro? Se ponen los pelos de punta.
Según Educo, la ONG promotora del anuncio, desde que empezó la crisis el número de niños que vive en el umbral de la pobreza en España ha pasado de dos millones a dos millones y medio. Unicef cifra la tasa de pobreza infantil en el país en el 27,2%.
Si nos vamos al panorama global que incluye este mundo y los otros, la situación es mucho peor claro está. No obstante, las cifras han mejorado mucho en algunas áreas en los últimos años. Por ejemplo, el porcentaje de personas que pasan hambre en el mundo se ha reducido a la mitad en veinte años y el de personas sin acceso a la educación otro tanto en 10 años. Claro que me gustaría a mí saber cómo hacen las personas de la ONU estas estadísticas en países que no tienen ni censo.
Sin alimentación y educación los niños están completamente desprotegidos y vulnerables a todo tipo de situaciones indeseables. Lo primero es la salud obviamente. Y luego está todo lo demás.
La educación, la de la escuela y la de casa, es clave para proteger a nuestros hijos, para facilitarles los recursos necesarios para caminar seguros por la vida. 
Protegerles no es aquello de ponerles cincuenta mangas al niño para salir a la calle (que también), abrazarles para evitar que les den un balonazo, taparles con nuestro paragüas cuando llueve o increpar al abusón de turno si se da el caso (y a sus padres, que también)
Protegerles es estar continuamente pensando en su bienestar, en la mejor manera de educarles, en el modo de fomentar su autoestima, en la forma de hacerles reír y disfrutar, en el mejor sistema para acompañarles en la vida de manera que lleguen a la edad adulta sanos física y emocionalmente, siendo buena gente y sintiéndose felices.
Protegerles es no poder dormir porque le das vueltas a sus "pequeños" problemas del cole, escuchar sus preocupaciones y sus inquietudes, arbitrar sus rencillas filiales, no dejarles ver la tele más de una hora al día (y en inglés, #malamadre), cocinar sano, llevarles al parque de vez en cuando (de muy cuando en cuando).
Ojalá que ningún niño tuviera que sentir miedo o sentirse desprotegido. Ojalá cada niño encontrase una familia donde crecer y ser querido. Sé que muchos chavales crecen en instituciones toda si infancia por culpa de leyes mal hechas, redactadas por persona imperfectas que no traen nada bueno. Aquí en España y por ejemplo, en Colombia, donde una absurda ley obliga a buscar a la familia del niño abandonado hasta el sexto grado de consanguinidad. Esto retrasa enormemente los procesos adoptivos y mantiene en vilo a cientos de familias españolas y de otros países en este momento. Y, lo que es peor, a miles de niños colombianos solos, sin una mamá y un papá que les cuide y les de derecho a disfrutar de esos Derechos del Niño. Todo esto da para otro post.
Antes de ser madre creía que yo era una persona muy necesitada de protección y no me veía muy capaz de ser yo quién protegiese a nadie y mucho menos a un niño.
Desde que me convertí en madre, ese pensamiento desapareció de mi cabeza. Ahora me resulta difícil no imaginarme protegiendo a alguien. Protegiendo a esas dos personajillas que sé que ahora duermen tranquilas porque saben que sus padres estarán siempre aquí mirando por ellas, vigilando la puerta para que no entren los monstruos.

domingo, 17 de noviembre de 2013

El hada que regalaba vidas

"La vida dura unas pocas huellas de uña sobre la arena"
Wislawa Szymborska

Cuentan que últimamente está muy agobiada de trabajo. Se acumulan las vidas que necesitan una segunda oportunidad. Entre la gente desesperada que quiere lanzarse al vacío, la que va despistada por la carretera, o la que olvida hacerse chequeos médicos, el número de acciones diarias se ha incrementado un 200% en lo que va de año.

Ella es guardiana de almas desesperadas, ángela custodia de seres cualquiera que no merecen todavía dejar este mundo. Vela día y noche por todos y cada uno de ellos. Los humanos verdaderos. La gente auténtica que, siendo imperfecta, es lo suficientemente valiosa como para vivir un poco más de tiempo. Algunos días, otros meses y los que tienen más suerte, incluso años. En realidad, NADA, si lo miramos desde el punto de vista de la edad del Planeta Tierra. Y a la vez TANTO para los que están a su alrededor y para aquellos que no tienen la suerte de encontrársela en el momento oportuno.

Imposible llegar a todos.

Cuentan que ya no da abasto y que va a poner un anuncio en una ETT en busca de ayuda.

No lo hagas, le aconsejó interesadamente el hada de la noche eterna. "Te tomarán por loca o estúpida. ¿Quién va a creer que existe un hada que va por ahí evitando que la gente deje su vida a medias? Nadie entenderá que esas personas están todavía aquí porque tú las elegiste, ni siquiera ellas mismas, las que siguen aquí de puro milagro".

Puede que al principio sintieran como que habían vuelto a nacer. De hecho, la mayoría lo contaron así a sus amigos y familiares el día de los hechos o en días sucesivos. "Ayer estuvimos a punto de tener un accidente horrible" "El médico me ha detectado un bulto que de no haberlo cogido a tiempo no sé qué hubiera pasado" "Estuve a punto de mandarlo todo a la mierda cuando me llamaron para decirme que mi hijo me necesitaba". Y así sucesivamente.

Conforme se fueron olvidando, muchos volvieron a sus rutinas. A su aburrimiento, a sus problemas ridículos, a sus mezquindandes, a sus pérdidas de tiempo. 

Otros, en cambio, disfrutan la vida que les queda como si fuera la última. Hacen hoy todo lo que pueden hacer hoy. Sonríen. Saborean. Aman. Se divierten. Juegan. Dan. 

Y, por encima de todo SON.

Porque la vida dura poco sí. Y menos aún si la dejamos colarse por el agujero del lavabo.




jueves, 14 de noviembre de 2013

AZ de la maternidad: O de obediencia


Mucho ha cambiado la maternidad desde que yo era sólo la hija y no la madre.

Antes los niños eramos poco importantes en el orden general de las cosas. No quiero decir con esto que nuestros padres no nos quisieran. Qué va. Estoy segura de que nos querían tanto o más que nosotros ahora a nuestros hijos, aunque no lo demostraran igual.

Los niños eramos poco importantes porque los importantes eran los adultos.

Por entonces, cuando el dinero escaseaba mucho más que ahora, y la sociedad de consumo no había llegado a España todavía en todo su esplendor, las pocas pesetas disponibles se invertían en primeras necesidades de adultos. Un seiscientos o un renault siete, una tele en color, una lavadora...

Los publicistas sólo podían enfocar sus esfuerzos hacia el mercado infantil en época navideña, más que nada porque ni siquiera había productos para niños.

Era la época de "cuando seas padre, comerás huevos" o lo que es lo mismo "los niños hablan cuando hacen pis las gallinas". Ser un niño bueno era ser un niño obediente.

La obediencia.

Recuerdo que la obediencia era, de largo, la regla número uno que había que seguir en mi casa.

Obedecerás al padre y a la madre por encima de todas las cosas. Ese era el mandamiento más importante.

Recuerdo momentos tensos, muchos, por mi rebeldía de niña a la que no le gustaba aceptar los "porquesí" o "porquelodigoyo". Ya no te cuento de adolescente.

Entonces no nos daban explicaciones. Las cosas se hacían así y puntopelota.

Siempre pensé que yo no sería nunca de esa manera de mayor. Que jamás diría a mis futuros hijos que había que hacer algo sin rechistar o esa odiosa frase de "a mí no me contestes".

Las cosas sí que son distintas ahora. Mucho. Los niños son el centro y no los adultos. La sociedad de consumo no quiere perderse ese paraíso de padres y madres dispuestos a colmar a sus vástagos de todas las atenciones posibles. Las revistas infantiles, las tiendas especializadas, los miles de productos para bebés y nenes. Un mercado que mueve muchos millones al año. No he podido mantenerme al margen pero sí al menos he conseguido no caer en la locura de la sinrazón.

La obediencia ahora es una palabra con mala prensa. Está mal visto decir que en tu casa tus hijos te deben un respeto y obediencia, al menos hasta que tengan dieciocho años. Es feo. No queda bien declarar que en tu casa mandas tú y tu pareja y la opinión de los niños está en segundo plano.

La tendencia es a establecer reglas democráticas en la casa. A contar con la opinión de todos. A dejar a los niños ser, pensar, decir, opinar. A escuchar. Algo que tanto eché de menos.

Estoy de acuerdo. Me gusta dialogar, sentarme a hablar con mis hijas, preguntarles por sus impresiones, necesidades, emociones. Me encanta esa parte de la maternidad.

Sin embargo, a veces, necesito que mis niñas me obedezcan. Que dejen de pelear cuando lo hacen. Que recojan su cuarto. Que apaguen la tele. Que se metan al baño. Que me dejen hablar a mí.

Y, aunque no me gusta, más de una vez he tenido que repetir las palabras que tan poco me gustaba escuchar en los 70-80. Porque las razones lógicas no les son suficientes y necesito, sencillamente, que me hagan caso.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Lo verdaderamente jodido es la muerte

La muerte que llega de golpe. A lo bestia. Sin venir a cuento. Sin que nadie pueda imaginar siquiera por un segundo que va a suceder.

Zas.

Estás y al día siguiente no.

Se quedan tus cosas sobre la mesa de trabajo. Tu ordenador en letargo. Ese personaje que tanto te gustaba haber imaginado.

Todo a medias. Todo sin recoger. Porque pensabas que ibas a volver al día siguiente. Y que este fin de semana irías al campo a respirar aire puro y a dibujar paisajes.

Te has ido sin despedirte. Con todos esos besos que debías. Con todas esas palabras que no te atreviste a decir. Con la ropa todavía mojada de la última lavadora.

Estabas ayer y ya nunca más estarás.

Quedarán tu recuerdo, tus huellas, tus objetos. Quedará tu voz resonando en la memoria diciendo cosas triviales o cosas profundas. Quedarán tus mensajes enviados por teléfono y esas citas médicas a las que no acudirás sin que nadie pregunte por qué.

Sentir la marcha de una persona a la que nunca has visto. A la que conoces sólo a través de los ojos de otros.

Me siento extraña. Esta maldita manía de ponerme en la piel del otro. De los que sí te conocían, de quienes te querían y apreciaban.

Es todo tan raro. Y a la vez tan cotidiano.

Esta vida. Qué jodida es. Aunque lo verdaderamente jodido es la muerte.

Nos da y nos quita de forma aleatoria.

Tú sí, tú no, tú hoy, tú mañana.

Escalofriante.

Desasosegante.

Terrible.

Vivamos pues lo que nos queda...

lunes, 11 de noviembre de 2013

Manual de supervivencia para viajes en avión

 

Hace un par de meses, cuando rellenaba encuestas de esas que a cambio te dan puntos para regalos, al responder sobre frecuencia de mis viajes hacía clic en la casilla "una vez al año".

Ahora he empezado a elegir la casilla de "al menos una vez al mes". Esto implica que, con relativa frecuencia, tengo que pasar por ese proceso de hacer y deshacer maletas, despedirme de mi familia (ya que son viajes de trabajo), vivir unos días en un hotel y, lo peor de todo, tener que sufrir el aburrido y desasosegante trago de coger un avión.

No tengo miedo a volar, ya no. 

De lo que tengo miedo es de los aeropuertos y, más concretamente de las leyes, normativas, restricciones y controles que hacen que cualquier viaje por los aires, ya sea vacacional o de curro, se convierta en una experiencia de lo menos placentera del mundo. Diría que en la misma línea que una visita al ginecólogo, una reclamación a una compañía de suministros o un bonito día de lluvia en la M-30 de Madrid en hora punta.

Por eso no he tenido más remedio que diseñarme un pequeño manual de superviviencia. A partir de ahora voy a ser la supergirl del mundo aéreo no VIP (si viajas en business olvida todo este rollo que voy a soltar). 

Al señor Low cost pongo por testigo que superaré con éxito la estancia en estos inhóspitos "no lugares" del mundo. Es eso, volverme una amargada o cambiar de curro. 

Ninguna de las dos últimas opciones entra en mis planes.

Primero

Fundamental hacerse con una maleta de medidas permitidas en cabina. NO FACTURAR. Aunque te vayas una semana. Aunque en otra vida hayas llevado el baúl de la Piquer en tus viajes. Olvida el pasado. El futuro es el de la gente ligera de equipaje. Ya lo decía Georges Clooney en Up in the air.


             Y si lo dice ÉL...yo no le voy a llevar la contraria

Sí, olvida los "por si acaso" y céntrate en los "sí o sí".

Ejemplo práctico: un "por si acaso" es llevarse el secador de pelo o el bikini en invierno por si hay spa en el hotel. Un "sí o sí" es el desodorante. En uno de mis viajes lo olvidé y al intentar comprarlo en el aeropuerto sólo vendían productos de alta gama a 20 euros o desodorantes de hombre. 

Fui a la entrevista de trabajo desprendiendo un aroma masculino a lo L'oreal for men la mar de interesante. Me dieron el trabajo. Ummmm, lo mismo no es tan mala idea olvidar el desodorante en casa...

Segundo

Ni se te ocurra llevar botas o tacones para pasar el control. Si lo haces, ya sabes que deberás descalzarte (y pasar una vergüenza insoportable si te huelen los pies o llevas un tomate en el calcetín) y ponerte unos plásticos horribles a modo de calzado.

Una buena idea es llevar tus zapatos normales y en una bolsita unas manoletinas o chanclas si es verano. Antes de acceder al control te cambias tranquilamente y cuando has logrado pasar "al otro lado", te vuelves a poner tus peep toes o plataformas y tan campante.

Ten en cuenta además que las distancias en el aeropuertos son muy largas. A mí desde luego siempre me toca la puerta de embarque del extremo y me hago kilómetros. Mis piernas lo agradecen tanto como mi corazón.

Tercero

Lleva un bolsito pequeño o similar para la tarjeta de embarque, DNI o pasaporte y móvil. De esta forma no te volverás tarumba buscándolos en el shopping bag de turno o la mochilaca cada vez que tengas que enseñarlos en los controles, entrada al avión y entrada al avión segunda parte (sí, en algunos vuelos te lo vuelven a pedir dentro de la nave).

La típica escena de tú buceando en un gigantebolso, sudando la gota gorda mientras cientos de pasajeros te clavan los ojos no es muy agradable, créeme.

Cuarto

Esto es más viejo que la vida. Rollo líquidos. Pero a mí se me olvidó la penúltima vez y me confiscaron la coca cola. Así que, importante que lleves tus líquidos en botecitos de 100 ml máximo y los metas todos en la bolsita de rigor que proporciona el amable personal de seguridad. Y que lleves suelto para comprar una lata o botella en las máquinas o en las cafeterías de la zona de embarque.

Sinceramente, no entiendo ni entenderé esta chorrada de los líquidos. Estoy segura de que Walter White o el Dr. Bishop serían capaces de introducir una bomba en el avión en botes de 100 ml.

Quinto

Corta tus uñas y depílate el día antes. No puedes llevar cuchillas y tijeras a bordo. Si lo haces, se quedarán para siempre en los contendedores del aeropuerto. Aunque no estoy segura de si se pueden llevar cortauñas. Esto tengo que investigarlo.

Sexto

Jamás pienses que en el duty free de la zona de embarque podrás comprar revistas o las galletas favoritas de tus hijas. Ni siquiera estando en un gran aeropuerto. Las interminables obras pueden jugarte una mala pasada.

Así que si ves una cafetería interesante o tienda de regalos antes de pasar los controles y vas con tiempo, quédate ahí. Más vale pájaro en mano... Aunque lo mejor es que lleves todo comprado de antes, todo excepto los líquidos, ya sabes.



Séptimo

El reloj. Si eres de los que mira el reloj en el móvil, recuerda llevar un reloj aparte cuando viajes, aunque sea cómprate uno de los chinos. Si no pasarás un rato chungo de ansiedad en pleno vuelo sin saber la hora y sin poder preguntar a la gente de alrededor, que estará dormida como un tronco.

Octavo

Lleva chicles para que la presión no te destroce los tímpanos. Vital a la hora del aterrizaje.

Noveno

Sal a toda prisa, corre, vuela si hace falta cuando salgas del avión. Las colas que se montan en la zona de taxis son de aúpa, sobre todo si tu avión llega de noche o a primera hora de la mañana.

Décimo

Se me ha olvidado decir antes que si llevas portátil, deberás ponerlo en una bandeja para él solito para pasar el control de los rayos x esos. Si no, te obligan a volver a empezar.

Y una de regalo...

Siempre que puedas coge el tren.